¿Tu hijo se tapa los oídos cuando pasas la aspiradora? ¿No soporta las etiquetas de la ropa? ¿Necesita saltar, girar y moverse constantemente o, por el contrario, evita los columpios como si le dieran miedo? ¿Rechaza ciertas texturas de los alimentos y ya no sabes si son «manías» o hay algo más detrás?
Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, no estás solo. Quizá te hayas preguntado por qué tu hijo reacciona así cuando otros niños parecen desenvolverse sin dificultad. Incluso puede que hayas escuchado frases como “ya se le pasará”, “es muy sensible” o “lo hace para llamar la atención”. Pero, ¿y si hubiera otra explicación?
En muchas ocasiones, estas conductas no son una cuestión de mala educación, falta de disciplina o una forma de desafiar a los adultos. A veces, el cerebro está procesando la información sensorial de una manera diferente, y eso influye en cómo el niño responde a lo que ocurre a su alrededor.
¿Qué es exactamente la integración sensorial?
La integración sensorial es el proceso mediante el cual el cerebro recibe, organiza e interpreta la información que llega a través de los sentidos para generar respuestas adaptativas y participar de forma eficaz en las actividades de la vida diaria.
Este concepto fue desarrollado por la terapeuta ocupacional A. Jean Ayres y, desde entonces, la investigación ha seguido ampliando nuestro conocimiento sobre cómo el procesamiento sensorial influye en el desarrollo infantil y en la participación en las actividades cotidianas.
Gracias a este proceso podemos aprender, jugar, relacionarnos con los demás, movernos con seguridad, vestirnos, comer o disfrutar de una actividad sin que cada estímulo se convierta en un obstáculo.
Aunque solemos pensar en cinco sentidos —vista, oído, tacto, gusto y olfato—, nuestro cuerpo cuenta con otros sistemas sensoriales fundamentales( vestibular, propiocepción e interocepción) que también influyen en cómo experimentamos el mundo. En los próximos artículos hablaremos de ellos y descubriremos por qué pueden estar detrás de muchas de las situaciones que viven algunas familias en su día a día.
Comprender cambia la forma de acompañar
Entender el procesamiento sensorial nos permite mirar más allá de la conducta. Detrás de una rabieta, un rechazo, una aparente falta de atención o una necesidad constante de movimiento, muchas veces hay una forma diferente de procesar la información del entorno.
Desde Terapia Ocupacional evaluamos cómo procesa cada niño la información sensorial y cómo esto influye en su participación en las actividades de la vida diaria.
Nuestro objetivo no es cambiar quién es el niño, sino comprender sus necesidades, potenciar sus fortalezas y ofrecerle las herramientas necesarias para que pueda desenvolverse con mayor autonomía, seguridad y bienestar.
Porque cuando dejamos de preguntarnos “¿por qué se comporta así?” y empezamos a preguntarnos “¿qué puede estar necesitando?”, cambia nuestra forma de mirar, de comprender y de acompañar.
En los próximos artículos hablaremos de los diferentes sistemas sensoriales, aprenderemos a reconocer algunas señales de alerta y descubriremos cómo la Terapia Ocupacional puede ayudar a los niños a participar con mayor comodidad y confianza en su día a día.
Si algo de lo que has leído te resulta familiar o tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo, estaremos encantados de ayudarte. Una valoración a tiempo puede ser el primer paso para comprender mejor sus necesidades y favorecer su bienestar.